22.8.25

 POLONIA. VARSOVIA 


Notas:


- Al salir de mi edificio, averiguo que está contiguo a uno que se considera histórico, la casa de vecindad de Nowicki. Es obra del arquitecto Belindan Palewski, para la constructora del célebre arquitecto Nowicki. Se construyó en los años 1930s, y según parece es una obra maestra del Déco local. Todo esto me lo traduce Miss Google de una placa que hay a la entrada. Yo la verdad no encuentro nada especial en la fachada exterior, supongo que el mérito se me escapa por completo debido a mi ignorancia en la materia. 


- Me alojo en el distrito de  Śródmieście. Debe de ser bastante pijo, porque me rodean grandes hoteles y boutiques insignia de marcas de alta costura, embajadas y restaurantes de los de manteles de hilo y vajilla de diseño. Avanzo hacia la estación central, donde debo reservar asiento en el tren a Berlín la semana que viene. Atravieso grandes avenidas modernísimas. Cuando veo fotos de Varsovia atrasada por los nazis, se me parte el alma. Por eso me alegro de encontrarla ahora, 80 años después, en tan buena forma, tan moderna y vital. 

Pero su pasado acecha en casi cada esquina. Hay placas conmemorativas de personalidades célebres en muchas paredes, quw incluyen su foto digitalizada…. parecen esquelas. No les  faltan ramos frescos de rosas rojas y blancas, los colores de la bandera polaca. 


- El Instituto Cervantes de Varsovia tiene su distintivo en laa ventanas de 5 pisos de un gran edificio. Tanta demanda existe en Polonia para aprender español? Desde luego, con la facilidad para los idiomas que tienen los eslavos, seguro que aprueban los cursos de dos en dos. 


- Varsovia, como todas las capitales en la órbita de la antigua URSS, no pudo librarse de tener una torre horrorosa, copia de las “siete hermanas”moscovitas, que por lo visto tenían sobrinas por toda la Europa del Este. La torre estalinista de Varsovia es como si la Giralda  tuviera un ataque de importancia, pero luego se hubiese arrepentido cuando ya no había vuelta atrás. Leo que fue un regalo de Stalin al pueblo polaco. El tipo fue cruel hasta el último hombre y hasta el último ladrillo. 



- En esta zona, repleta de rascacielos a la última, están las tiendas insignia de las consabidas franquicias. Algunas hace tres o cuatro países que no las veo. Me emociona reencontrarme con un Carrefour, mi viejo amigo, que tantas comidas me soluciona y donde entro sabiendo lo que ofrecen. Soy una negada para la gastronomía y me siento segura si al coger un paquete sé exactamente qué esperar de su contenido.


- La cantidad de iglesias que hay en Varsovia es abrumadora. Confieso que arrastro un empacho de iglesias desde Italia por lo menos, pero la vida del turista es dura y hay que hacer estos esfuerzos. Solo que tampoco me esfuerzo todo lo que debiera. Entro en alguna que otra. Yo me lo pierdo. 


- Me cruzo con mujeres de delicada belleza eslava. Y con muchos señores interesantes. No todo van a ser monumentos de piedra. 


- Sigo las indicaciones de Miss Google para llegar al casco histórico, y en los semáforos me voy reuniendo con todos los turistas que hacen lo propio, navegador móvil en mano. Mal de muchos etc, Así compruebo que no soy la única a la que Miss Google lleva literalmente por la calle de la amargura. La muy Google nos mete a todos en lo peor de las obras (no es culpa suya) y nos hace dar un rodeo totalmente evitable (culpable!) por un parque llamado Ogrod Saski. Pero se lo tengo que agradecer, porque este parque contiene  el llamado Saxon Garden, primer parque público de Varsovia, tras haber sido el jardín de palacio del rey Augusto II en el s. XVIII. Querida Miss Google, qué haríamos sin ti.


- Llego a la plaza Zawfovky, con su columna del s. XVII que homenajea al rey Segismundo III Vassa. Está en la plaza del castillo, que tiene una impresionante torre con cúpula de cebolla. Parece mentira que todo lo que estoy viendo, de hecho el 85% de la ciudad, fuera destruido por completo, y reconstruido con total exactitud en los años de posguerra, en torno a los 1950s. Esta macro restauración de un casco antiguo al completo ganó muchos premios y reconocimiento internacional. Es patrimonio UNESCO desde 1980. Es de justicia que los nazis no lograran privarnos de una cosa tan bella. En la antigua muralla veo un monumento a Juan Zachwatowicz, el arquitecto que reconstruyó Varsovia. Desde luego si alguien se merece un monumento es este hombre. 



- También hay en esta plaza una placa conmemorativa de una masacre zarista en este mismo lugar en 1861, cuando judíos y gentiles polacos se unieron para protestar contra la opersión rusa. Los recurrentes pogromos zaristas fueron una de las limpiezas étnicas más terribles de la historia. Que por cierto los comunistas continuaron, para no perder la tradición. 


- En la Plaza del Mercado, o Rynek Starego Miasta, veo muchas fachadas con esgrafiados muy particulares. La estatua barroca de la sirena esta rodeada de rebaños de turistas de muchas partes del mundo, y debo esperar para acercarme. La encuentro hermosísima. Callejeando, paso por docenas de iglesias, la mayoría barrocas, algunas con  cúpulas en forma de cebolla. También hay multitud de palacios barrocos, uno de ellos el Palacio Radziwill (sería propiedad de los antepasados de la familia política de Lee Radziwill, la hermana de Jackie Kennedy-Onassis?). 



- También está reconstruida la barbacana o torre de ladrillo que protegía la entrada a Varsovia a través de la muralla. Atravesándola, se llega a la zona extramuros donde tuvo lugar la primera gran expansión de la ciudad, y que contiene el tristemente famoso gueto. 


- Llegobhasta una Bella estatua de Marie Curie que contempla el río Vístula desde una loma, junto a una iglesia muy particular. Fue erigida en 2014 por François Hollande y Bromislav Konorovsky, como símbolo de la amistad franco-polaca. Supongo que ese día los polacos, en aras de la susodicha amistad, le debieron perdonar a los franceses que se hayan querido apropiar de Marie Curie, como hacen con todos los talentos foráneos que recalan en su país. 


- Me surge una tremenda curiosidad: de dónde salió el dinero para reconstruir Varsovia, en la empobrecida Europa de posguerra? Copio aquí la respuesta que me da la primita de Miss Google, la IA:

“La reconstrucción de Varsovia tras la Segunda Guerra Mundial fue financiada principalmente a través del Fondo Social para la Reconstrucción de la Capital (SFOS), el cual se nutría de donaciones populares. Aunque se considera un proyecto nacional impulsado por el espíritu del pueblo polaco, la reconstrucción también estuvo supervisada por una oficina gubernamental bajo la influencia soviética en el contexto de posguerra y dominación del bloque oriental.” 



- No tenía previsto visitar el gueto, porque me ponen muy triste sus historias. Pero supongo que era inevitable que lo traspasara, callejeando por la ciudad vieja. Veo en el suelo unas marcas que indican que allí estaba el muro del gueto en 1943. Me adentro un poco por sus calles. Y será casualida, pero el hecho es que empiezo a encontrarme mal. Me duele el estómago, me mareo. Salgo de allí en cuanto puedo, y se me pasan los síntomas. Un atavismo, pura sugestión, una somatización de tantas lágrimas derramadas viendo tantas películas y documentales sobre el Holocausto? 


- A la hora de montar mi picnic unipersonal, busco un banco a la sombra, porque el sol aprieta, pero están todos cogidos. Termino sentada en una balaustrada de piedra junto a una escalinata. La gente que pasa mira por encima de mi cabeza, y cuando termino de almorzar yo hago lo propio. Resulta que me he comido el sándwich bajo las estatuas de Wars (un pescador) y Zawa (una sirena), quienes según la leyenda dieron origen al nombre de la ciudad (Warszawa en polaco). Miss Google Lens me cuenta que vivieron amores contrariados. Amores imposibles, diría yo. Me quieres decir, Miss Google de mi alma, cómo siendo una sirena sin piernas se puede… tú ya sabes?

- Por todas las esquinas de la ciudad vieja hay placas recordando los muertos de la guerra, con el número exacto de personas asesinadas por los nazis justo en ese lugar concreto. La mayoría tiene ramos de flores frescas. 

- Llego a la sede vaticana, que tiene un bajorrelieve con un busto de Juan Pablo II, y a su lado una hélice misteriosa de la que no he podido obtener ninguna información. Justo enfrente, está el impresionante monumento a la insurgencia de Varsovia en la Segunda Guerra Mundial. Cuando estoy contemplándolo junto a minúsculo jardincillo, me pica una abeja que ya llevaba un rato persiguiéndome. La insulto llamándola cerda hija de puta. Lo primero es falso, si se aplican estrictamente las clasificaciones del reino animal. Lo segundo creo que es cierto por la saña con la que me ha clavado el aguijón. Por lo visto se ha quedado con ganas de más, así que tengo que marcharme para proteger mi integridadporque me persigue implacable. Me temo que la bruma corporal que compré en una perfumería de La Haya atrae a los insectos, pese a llamarse Happy Mood. Y mira que me gusta la fragancia, pero voy a tener que dejar de usarla hasta que llegue el otoño. Qué cerdada. 

- Junto a un lienzo de muralla, en la  plaza Podwale, hay dos monumentos que abultan lo suyo: una estatua a Jan Kolinsky (un señor muy abrigadito, con mostachos y alzando un sable)  y a María Koposnika (quien no ha merecido estatua alguna, y debe conformarse con su nombre inscrito en una humilde piedra, pero bien grande, eso sí). Confieso que estoy algo cansada de buscar información sobre héroes y mártires. Pero mi mente neurótica me impulsa a rellenar los huecos y desvelar las incógnitas que levantan las escuetas placas en idioma polaco. Pues bien, averiguo que Kolinsky fue un artesano que se metió en berenjenales polítiqueros, y luego lideró una rebelión contra el poder ruso-prusiano en el s. XIX. Y en cuanto a Koposnica, fue una poetisa y novelista también del s.XIX. Ya he hecho los deberes. 

- En una cartela, se reproduce un cuadro de Canaletto que muestra cómo era de hermosa la calle Krakowskie Przedmiescie en el s. XVIII. Malditas guerras, que destrozan vidas y haciendas. Menos mal que gracias a los cuadros, las fotografías y los planos se pudo reconstruir todo al detalle.  

- Ya he dicho antes que creo que el barroco es de los estilos más divertidos que da de sí la arquitectura. Tanto me lo parece, que a veces me entra la risa tonta. Es el caso de la Iglesia de los Carmelitas de Varsovia, de 1780. Más pirindolos no le cabían, mire usted.

 

- Me encanta Nowy Świat, una calle histórica repleta de tiendas con ambiente de terraceo a media tarde . En tiempos, formó parte de la ruta que recorrían los reyes con sus carrozas entre palacio y palacio. 


- Entro en la iglesia de la Santa Cruz, donde está enterrado el corazón de Chopin. Parece ser que él, que vivía exiliado en París porque su familia había conspirado contra el régimen zarista,  pidió ser enterrado en Polonia. Pero los zares no dieron los permisos necesarios, y sus deudos se tuvieron que conformar con traer solamente su corazón, que está depositado en una urna bajo una columna de este templo. Un bello bajorrelieve en mármol con su busto marca el lugar. Tengo la puntería de entrar cuando están ensayando para un concierto de piano con sus mazurcas.  Robert Schuman dijo que las mazurcas de Chopin guardaban “cañones bajo las flores”. Pues la fragancia de estos cañonazos explota dulcemente, oh yeah! Chopin está omnipresente aquí. Chopin es a Varsovia lo que Mozart a Salzburgo: un gran negocio. Es irónico si tenemos en cuenta que en vida de ambos sus ciudades les rechazaron, y ambos se terminaron marchando para no volver…. A Chopin se lo impedían motivos políticos (era un opositor al régimen zarista que gobernaba con mano de hierro en Polonia), y a Mozart más bien de libertad creativa (buscó independizarse de la corte del arzobispo Colloredo, que gobernaba Salzburgo con mano feudal). Ambos tuvieron la osadía de enfrentarse al status quo. Admiraciòn eterna.  


- El teatro Sabat, en un bonito edificio Art Nouveau, ofrece revistas como le gustaban a mi madre, con escaleras por las que suben y bajan señoritas con penachos de plumas. Hoy resulta de un kitsch trasnochado, pero cuando ella era niña era la fantasía escapista preferida de la posguerra. No sé qué tipo de público llenará este teatro, pero sospecho que no bajarán de los 80 años de media. 

- Paso por el monumento a Solidarnosc. Cuántos recuerdos de la lucha heroica de este sindicato por traer la democracia a Polonia, en los telediarios de mi infancia. El Nobel de la Paz Lech Walesa era un electricista y llegó a presidente. Intentaré recordarlo la próxima vez que necesite un manitas a domicilio y no quede conforme con la reparación.  

- Más adelante, encuentro el Teatro Polska, de estilo Art Nouveau, que fue el único teatro se Varsovia que sobrevivió intacto a la guerra. Los nazis no podían estar en todo, y alguna casa se les tenía que escapar.

- Me subo a uno de los jardines secretos más originales de Europa, el que hay en la azotea de la Biblioteca Universitaria de Varsovia. La biblioteca ya es de por sí un enorme edificio originalísimo, pero el añadido del jardín con vistas al río Vístula es un regalo al que la luz del atardecer le pone el lazo. Qué cursi me ha quedado esto, pero no lo borro por puro narcisismo. 

El edificio es diáfano. Sin embargo, me cuesta un buen rato llegar a la azotea. Cuando entro en la biblioteca le pregunto al guardia de seguridad, pero este hombre ya está más que harto de los turistas que aparecemos por allí para ver el jardín de marras, y me hace un gesto con ambas manos que yo traduzco como: Vete a tomar por… el ascensor. A ello voy, pero el ascensor no sube hasta arriba del todo, sino que me deja en un planta intermedia. Me hago tremendo lío para salir de allí, hasta que sale una empleada que ha terminado su jornada laboral, una chica tan alta como una jugadora de baloncesto. Esta amabilísima giganta me ayuda a rodear el edificio y ganar las escaleras que dan acceso para subir desde el jardín a pie de calle hasta el jardín de la azotea. Por el camino, hablamos de cómo los blogueros que escriben sobre sus viajes han popularizado en internet lugares como este, que eran un secreto minoritario reservado a los ciudadanos de Varsovia, pero que ahora muere de éxito. Los turistas somos una lata, verdad? Le digo, para intentar sonsacarla. Pero no pica el anzuelo, y responde muy diplomáticamente que las cosas bellas hay que compartirlas.


- Desde la biblioteca bajo hasta el río para pasear por sus bulevares, que son como Madrid Río pero mucho más anchos, acordes con el río, poque el Vístula tiene mucho más caudal que nuestro humilde Manzanares. En este paseo destacan el original puente  Świętokrzyski Bridge y el Centro Copernik, pero a mí lo que más me gusta es una larga franja de arena donde la gente está recostada en una tumbonas con sombrillas y un chiringuito. Es la playa del Vístula, y aunque aquí nadie se baña, como hacen en el Sena, se les ve muy, pero que muy a gusto.


- Se me queda en el tintero el parque Lazienki, el más grande de Varsovia, que entre otras cosas tiene un palacio en un islote de un gran estanque. Pero estoy demasiado cansada, y tengo que hacer una llamada. Descanso un poco en un banco del bulevar del Vístula, observando cómo los niños pequeños se divierten saltando descalzos en los surtidores de agua. Y cuando he recuperado las fuerzas, me vuelvo a casa. Mañana tengo que madrugar mucho para llegar a Cracovia. 









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