Hoy viajo camino de Cinque Terre. Los cinco pueblos que lo componen son: Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore. Me alojaré en Riomaggiore, porque no había plazas libres ni en La Spezia ni en Levanto hasta mediados de semana (estos dos son los extremos del Golfo de los Poetas y el punto de partida habitual para la ruta). Pero a partir del miércoles sí que tengo hostal en La Spezia, y podré visitar Lerici, el lugar donde naufragó el barco de Shelley.
No fue Shelley el único escritor que vivió por temporadas en este Golfo de La Spezia, también lo hicieron Byron, Dante, D'Annunzio y Pavese. Pero el trágico ahogamiento del poeta inglés supongo que le otorga un mayor protagonismo, y creo que es lo que hace célebre a esta zona, junto con la extraordinaria belleza de los pueblos colgados de la cornisa frente al mar y las rutas de senderismo y las actividades acuáticas.
A estos pueblos no se recomienda ir en coche o autobús, ya que las carreteras son muy sinuosas y hasta peligrosas. Las excursiones en barco están suspendidas en los meses fríos por la mala mar. La alternativa es seguir la ruta lineal de estos pueblos en tren, mi medio de transporte preferido de todos modos.
Por mala suerte, Cinque Terre está en la única zona del país donde va a llover esta semana. Accidente. En Italia, la predicción meteorológica la proporciona el Ejército del Aire, y no puedo concentrarme en el mapa porque se me van los ojos detrás del las condecoraciones del uniformado de la Meteo Aeronautica Militare.
Notas:
- Las músicas caribeñas lo invaden todo, pero aquí en la Italia septentrional a mí no me pegan, son anticlimáticas, sobre todo ahora ya avanzado el otoño. Mi opinión personalísima.
- En la estación de Piazza Principe en Génova hacen las rondas la policía y el ejército de tierra. Me sorprenden los uniformes de camuflaje en este entorno urbano. En torno a los chicos y las chicas de las fuerzas del orden se forman auténticas tertulias. No sé si estarán comentando la victoria ayer de la squadra azzurra en la Copa Davis, porque esta mañana aún duraba la euforia en los comentarios que he escuchado por la calle.
El fin de semana fui testigo de cómo un subsahariano muy pasado de vueltas insultaba a gritos con una actitud muy violenta a una pareja de carabinieri. Ellos, impasibles. La gente que pasaba se reía de las ocurrencias y los improperios que aullaba aquel hombre. Debe de ser una situación cotidiana.
- Estas tacitas de café expreso de tamaño de juguete que sirven aquí me parecen un gran invento. Es la cantidad justa de café para espabilarte, pero sin obligarte a visitar un WC al poco rato.
- Hasta ahora estoy esquivando ese fenómeno tan propio de aquí, lo sciopero (la huelga). Una huelga italiana no se parece a ninguna otra. Ayer hubo un paro de servicios de ferrocarril, pero hoy todas las líneas están en funcionamiento. A ver si sigo teniendo puntería con las fechas.
- Gentili passeggeri, vi informiamo che... Pero con qué cariño nos trata la megafonía, madre!! Para darnos malas noticias por supuesto, porque hay un ritardo... nuestra gentilitá va aumentando de cinco en cinco minutos a medida que vamos sumando tiempo de ritardo... No escucho ninguna queja entre los pasajeros que se han ido amontonando en el andén. Deben de estar acostumbrados al desengaño horario.
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