En la estación de Aarhus, esperando la salida del tren que me llevará a Lindholm, y de alli al puerto de Frederikshavn (mi última etapa en Dinamarca), desde donde mañana a primera hora iré en ferry hasta Gotemburgo (Suecia), en una travesía de tres horas y media. Hasta aquí, el trayecto no es gran cosa para mí y para mis Resilias, porque nos hemos acostumbrado al traqueteo de los transbordos entre medios de transporte, con sus correspondientes sorpresas de última hora en forma de retrasos y cancelaciones.
Lo que verdaderamente me espanta es que, una vez haya desembarcado en el puerto de Gotemburgo, desde ahí me desplazo en autobús interurbano hasta un hotel biestrella, considerado como "sucio" en la plataforma de reservas. Uno de esos alojamientos que son más baratos, comparativamente, porque están situados lejos de todo, en los confines de las pedanías, que a su vez están justo en la frontera del extrarradio, fuera del área metropolitana. O sea, en el finis terrae del mundo conocido, versión urbanita. Me he visto obligada a reservar habitación ahí porque los precios de Suecia son como una broma pesada, y eso que en Dinamarca ya he tenido oportunidad de escandalizarme en ese aspecto. He renunciado a todas mis manías y escrúpulos y he intenado encontrar plaza en dormitorios compartidos, con ducha y WC también compartidos, sin resultado. He rebuscado en B&Bs, en hostales, campings, residencias de estudiantes, todo lo que se me ha ocurrido... pero acaban de empezar las vacaciones de los estudiantes, y los grupos de senderistas y las familias con niños acaparan todas las plazas. Las que quedan libres están en los hoteles multiestrellados, con precios de La Croisette de Cannes en pleno festival. No way.
De modo que me puedo considerar afortunada por pagar una cantidad desproporcionada por una habitación "sucia" en Gotemburgo, pero que no está exactamente en Gotemburgo. La buena suerte me acompaña, y de vez en cuando les agradezco a mis padres (a su memoria) la oportunidad de haber podido hacer realidad mis sueños de vagabunda comodona y con remilgos. Lo que me encuentre será estupendo, y espero llegar de una pieza hasta allí.
Hago una pausa para ir al WC de la estación. Estoy ya acostumbrada a todo tipo de sistemas de pago en los servicios, y es habitual que lo haga con tarjeta bancaria. Sobre todo en la canceladora de entrada a los baños de la empresa 2theLoo, presente en casi todas las estaciones europeas. Me hace gracia que esta empresa dé muestras de una empatía conmovedora con el sufrido meador o meadora de turno, porque saben que a veces llegamos a su puerta muy apurados, y nos reciben con un letrero que dice: You made it! = Lo conseguiste! O sea, que te felicitan por haber llegado justo a tiempo de no hacértelo encima. Aquí en Aarhus no hay 2theLoo, sino que la puerta de cada cabina tiene un cobrador digital que escanea tu tarjeta. Se supone que al entrar la puerta queda cerrada digitalmente también, porque no hay pestillo alguno. Se abre cuando manipulas el picaporte desde dentro. Pues bien, el sistema digital hoy está a por uvas, y aunque me ha cobrado, no ha registrado mi entrada. La cabina figuraba como libre, y dos personas distintas me han visto el culo mientra estaba de espaldas a la puerta subiéndome los pantalones. No les he visto, pero he oído sus grititos de terror. Pues he adelgazado bastante, si me llegan a ver hace un par de años cuando pesaba 38 kilos más, se hubieran desmayado....
Mientras espero el tren, voy a hacer un repaso de lo que aún no he olvidado de las ciudades danesas que he podido visitar estos días. Por orden cronológico:
- Roskilde
Está en la isla de Zeeland (Selandia), muy cerca de Copenhague. Su atractivo principal reside en el hecho de que en su catedral de ladrillo, del s. XI y pionera del gótico escandinavo, están enterrados docenas de reyes daneses desde la Edad Media. En la nave del templo hay 40 reyes y reinas según el folleto, más otras tumbas de plebeyos, que suman la cantidad de 1.000 enterramientos. En este camposanto royal destaco algunas tumbas monumentales:
• Margarita I, reina de Dinamarca y Noruega en el s. XV, que según el folleto está tumbada y al mismo tiempo de pie. Tardo bastante rato en comprender este prodigio de la fisica y de la anatomía, hasta que caigo en la cuenta de que, aunque su estatua mortuoria esté efectivamente tumbada sobre el túmulo, le han colocado una peana bajo los pies, para indicar que a pesar de haber muerto se mantiene en pie para afrontar su fama póstuma. Me parece muy ingenioso, pero también creo que han hecho trampa, mire usted.
• Me hago tremendo lío con todos los Cristianes y Federicos que fueron reyes, y mas aún porque los más antiguos lo fueron de Dinamarca y Noruega, y los más recientes sólo de Dinamarca. No ayuda el hecho de que estas dinastías nórdicas no me suenan mucho, porque mi regla nemotécnica para recordar las retaílas de reyes y reinas siempre han sido los cotilleos de su vida y milagros, especialmente si han llevado vidas poco ejemplares, que curiosamente es cuando más se me fijan en mi memoria. Y los chafardeos que conozco de la familia real danesa no comienzan hasta mediados del s. XIX con Alejandra, que fue reina de Inglaterra, y su hermana Dagmar, que fue emperatriz de Rusia, y los padres de estas, a quienes llamaban "los suegros de Europa" porque sus hijos y nietos se emparentaron con todas las dinastías reinantes de su tiempo. Hasta tal punto que todos quedaron ligados por lazos de sangre, no siempre limpia de enfermedades hereditarias, y el resultado es que aun en nuestros días todos son primos lejanos. Menos mal que ahora se pueden casar con plebeyos y poquito a poco van limpiando el árbol genealógico de hemofilias y otras hierbas. Me salto por tanto los reyes renacentistas daneses, dos de los cuales tienen magníficas tumbas idénticas en mármol, auténticos monumentos que serían la envidia de los Médici florentinos. Las tumbas barrocas son también muy aparatosas e igualmente valiosas. Algunas de ellas están cubiertas por un tapiz mortuorio negro de terciopelo con muchos pliegues. Limpiarlo debe de ser como un castigo eterno.
• Según se va avanzando en el tiempo, las tumbas van siendo más sencillas y los cotilleos de las cartelas más sabrosos. En las del s. XIX y s. XX se narran las vidas de los royals, y a uno de ellos, no recuerdo a cual, se le atribuye el rumor de que murió en brazos de su querida, en un locus non sancto. Pero se puntualiza que se trata sólo de un rumor y que no hay ninguna certeza en ello. Curioso que lo incluyan, pues. La tumba del venerado Christian X, el patriota de los paseos a caballo durante la ocupación nazi, está colocada junto a la reina en un lugar relevante.
• Y llegamos a la futura tumba de la actual monarca emérita, Margarita II, quien es muy aficionada a diseñar vestuario para teatro y ballet, y que en aras de la coherencia a veces luce ella misma sus propios diseños, porque Su Majestad no le tiene miedo a vestir modelos de gran teatralidad. Di que sí, que si vistes a las bailarinas de colorines, lo menos que puedes hacer es predicar con el ejemplo para darles ánimos. Pues bien, también Margarita ha colaborado en el diseño del catafalco que ya está preparado para recibir sus restos mortales en Roskilde. La cosa ha costado tres millones de euros y, muy en su línea, la caja que lo cubre pone de manifiesto la valentía cromática de esta señora. El diseño de la caja parece um mueble adquirido en JYSK, el IKEA danés. En un ángulo se nos muestra una foto del interior (el "sarkofag", que quedará expuesto a la vista cuando ya esté allí enterrada). Sólo puedo decir que olé sus ovarios, y que su fama póstuma sin duda alguna va a eclipsar la de la primera reina Margarita. Antes muerta que sencilla, literal.
- Aparte de su catedral, Roskilde cuenta con una plaza preciosa con edificios civiles del renacimiento, un casco urbano con casitas tradicionales de colores, y un puerto vikingo muy interesante. Allí hay barcos vikingos que se hundieron en la Edad Media y se sacaron a flote en los 1950s. En el mismo recinto han montado un parque lúdico para toda la familia, con tiendas de lona sobre la hierba que albergan por ejemplo a un herrero o un artesano. Y con un muelle donde puedes embarcar en un barco vikingo y sentirte un vikingo fetén (yo declino el placer) remando al viento en hilera, a las órdenes de un capitán vikingo al que desde la orilla no le veo los cuernos . Quizá los lleve en la intimidad, pero le deseo de todo corazón que no sea el caso, y lleve una vida de pareja tan feliz y despejada como lo está su cabeza. Hablando en serio, los escandinavos llevan mucho tiempo intentando convencernos de que está demostrado que los cascos vikingos no llevaban cuernos. Parece que ese fue un invento de la época romántica, cuando se empezaron a representar así en los grabados. Eso significa que mis entrañables recuerdos de infancia de Vicky el Vikingo son un estafa... vaya por Odin.
- Odense.
Está en la isla de Funen (Fionia). Es la ciudad donde nació y vivió su primera juventud Hans Christian Andersen, gloria nacional. Aunque es célebre por sus cuentos, escribió obras de todo tipo, y destacan sus libros de viajes, de los que he leído uno que me gusto muchísimo. Parece ser que era bisexual y no lo ocultaba, lo que en su época debió requerir un gran coraje. He podido leer fragmentos de algunas cartas suyas a amantes masculinos que son muy reveladoras. Trabó lazos de amistad con la familia real danesa que le elevaron de categoría social, porque provenía de una familia humilde. Pero siempre tuvo buenos mentores y benefactores, y al parecer era un alma agradecida y generosa. También extravagante, demasiado obsequiosa y bastante torpe para tratar a la gente, porque su amigo Dickens, cuando ya no eran tan amigos, se inspiró en Andersen para crear su personaje de Uriah Heep en David Copperfield, lo que desde luego no es ningún halago. La antipatía de Dickens proviene de que Andersen, que era su rendido admirador en plan fan fatal, se autoinvitó para pasar en su casa nada menos que cinco largas semanas, en las que resultó una auténtica lata para toda la familia. Al volver a Dinamarca, Andersen se dedicó a escribir una carta tras otra a Dickens durante años. No es de extrañar que el inglés terminara harto, a eso hoy en día lo llamaríamos acoso, what the dickens!
Andersen está presente en muchos lugares de Odense, y hay un museo dedicado a él que es bien curioso porque se trata de una edificación muy moderna. Resulta rompedora en medio de un barrio de viejas casitas tradicionales de colores, con sus tejados de tejas, sus buhardillas, sus ventanas de marcos a la francesa y sus madreselvas plantadas junto a la puerta. Pasear por las calles adoquinadas de este barrio tiene mucho encanto, aunque también resulta algo impostado, porque resulta tan perfecto como un decorado en una buena película de época. Pero qué más da si se pasa un buen rato deambulando por allí. Hay también varios edificios renacentistas. Me gustan especialmente el ayuntamienro y la iglesia de Saint Alban.
Odense cuenta con un museo al aire libre compuesto por varias antiguas casas rurales reconstruidas, que muestra cómo eran los modos de vida tradicionales que desgraciadamente ya se han perdido y sólo permanecen de forma artificial en estas recreaciones. He estado ya en varias ciudades de distintos paises donde hay este tipo de museos, y por cuestiones de tiempo nunca he podido visitarlos. Este tampoco.
- Malmö.
A esta impresionante ciudad sueca, la tercera más grande del país, se llega desde Copenhague tras sólo 40 minutos en tren, gracias al espectacular puente que cruza el estrecho de Oresund. Son ocho kilómetros de puente durante los cuales pasas literalmente entre dos mares, el mar del Norte y el mar Báltico. El paso de un país al otro tiene la particularidad de que el puente tiene anclado un estribo en la orilla sueca, pero el otro extremo no llega hasta la orilla danesa propiamente dicha, sino que ese otro estribo se asienta sobre un islote artificial, y desde ahí el trazado conecta con un túnel bajo el agua que sí llega hasta territorio danés. Leo que se diseñó así para evitar que la altura del puente pudiera interferir con el tráfico aéreo del cercano aeropuerto de Copenhague. En dos palabras: im-presionante, como dijo aquel.
Tengo la fortuna de llegar, tras una caminata muy placentera y en día con buena visibilidad, desde el casco antiguo de Malmo hasta el novísimo barrio de Vara Hammen, una especie de marina de altos vuelos donde hay una zona ajardinada a la orilla del mar. Ahí me siento en una roca sobre el agua, y me dispongo a almorzar con una de las mejores vistas posibles, porque tengo enfrente la orilla danesa y la ciudad entera de Copenhague. El sol es intenso pero no molesta porque el día es ventoso, el mar luce de azulón y las gaviotas esta vez respetan mi derecho a comerme el sándwich en paz. Una familia ha montado un picnic más sofisticado que el mío porque en sus bicis traían todo el ajuar: la manta y la cesta con las viandas y la vajilla de plástico. Otra chica está sentada sobre la hierba leyendo un libro. Pasan algunos perros con sus dueños. El momento es perfecto, no le sobra ni le falta nada, y me cuesta arrancar, pero debo continuar camino si quiero explorar un poco antes del horario del tren de vuelta.
El edificio más alto de Malmo y de Escandinavia entera se encuentra también en Vara Hammen. Esta diseñado por Santiago Calatrava y se llama Turning Torso (torso giratorio). Es una estructura que se retuerce sobre sí misma como una barra de golosina. Muy bello y muy meritorio. Espero también que sea muy resistente y no se caiga a cachos como ha ocurrido con otras obras de este señor, que son muy meritorias pero que requieren reparaciones continuas por problemas estructurales.
Justo enfrente hay un parque con unos árboles enormes en torno a un castillo renacentista con foso, el Malmohus. Un poco más allá hay un molino, y frente a él unos niños vuelan una cometa. Enfrente del parque hay unas cabañas de madera que servían a los pescadores para almacenar el pescado y guardar las artes de pescar. Ahora son los puestos de un mercado de pescado fresco. Puede haber un entorno más idílico?
En el animado centro de Malmo veo mucha diversidad, y Miss Google me informa de que al menos la mitad de sus ciudadanos son de origen extranjero, muchos de ellos del este europeo. Se me acercan unas chicas a ofrecerme una promoción, es el lanzamiento de los nuevos sabores de un conocido refresco. Lo lógico hubiera sido coger el obsequio y darles las gracias, pero yo soy presa del pensamiento lateral y nunca sigo el camino recto. No se lo pongo fácil. Les digo que como estoy sólo de paso, si me bebo el refresco a los diez minutos voy a tener que buscar un WC sin saber encontrarlo. Sin inmutarse ante esta respuesta-trampa la chica, que es muy rubia y muy guapa, me señala con el dedo unos servicios públicos que tenemos enfrente, y me hace la siguiente revelación: Puedes guardarlo ahora y bebértelo más tarde. Ni se me había ocurrido. Podría salirle con que no quiero cargar con el peso toda la tarde, pero no soy tan cruel.
- Aarhus.
Me quedo un par de días en esta ciudad para poder explorar un poco la península danesa, tras haber visitado lugares de las dos islas principales, Selandia y Fune. Aarhus, en la costa este de Jutlandia, es la segunda ciudad en importancia de Dinamarca , y una de las que ha conservado más edificios tradicionales, lo que le aporta un toque muy genuino. Pero al mismo tiempo cuenta con edificios contemporáneos muy atrevidos y emblemáticos, como en todas las poblaciones danesas que he visitado o he alcanzado a ver desde la ventanilla del tren. Especialmente en el barrio de Aarhus Marina, frente al puerto y al lado de la playa de Den Permanente, donde hay todo un conjunto de viviendas ultramodernas de alto nivel, entre las que sobresale el aún más alto rascacielos llamado Aarhus Oje. Se ofrece, previo pago, subir al último piso para maravillarse con el panorama, y en el precio de la entrada se incluye la visita a un museo de formas de vida marina. Llego 15 minutos antes del cierre, así que me quedo sin poder entrar. Es que por estas latitudes la hora de cierre es muy temprana, y no me lo explico porque en verano la luminosidad dura mucho, supongo que debido al efecto del sol de medianoche.
Lo mismo me sucede en el Den Gamle By, o Museo de la Ciudad de Antaño. Ya están cerrando cuando voy. Se trata de un museo al aire libre, un poblado artificial que exhibe los modos y costumbres que se perdieron, pero que se pretende conservar aunque sea en el recuerdo. Hay actores con trajes de época que recrean la tipología humana de cada era. Desde fuera del recinto del poblado se atisba algo del interior, sobre todo desde lo alto de la colina del parque contiguo, que tiene un jardín botánico con invernaderos. Una lástima no haber podido entrar, porque el folleto promete. El texto describe las diferentes épocas de la historia de la vida cotidiana danesa, y en la etapa correspondiente a los años de los 1970s a los 1990s, dice (parafraseo): “Ven a conocer a la familia multicolor (de razas distintas), a la pareja gay, a la madre soltera y a la chica que vive sola”. Me imagino a los actores y actrices encargados de interpretar estos personajes, y cómo le habrán buscado una motivación y una biografía ficticia a cada uno de ellos, basándose quizá en conocidos suyos como fuente de inspiración.
Cerca de mi alojamiento, en Møllestien, hay algo parecido pero sin actores, aunque cuando voy me encuentro con un rodaje amateur de cine. Deben de manejar muy poco presupuesto, porque sólo cuentan con una cámara, dos chicas que deben ser producción y un par de actores. No me extraña que hayan escogido esta localización, porque se trata de una calle empedrada donde todas las casitas bajas son tradicionales, y los troncos de las malvalocas son muy gruesos de puro antiguo. Deben de haber conservado todo tal cual era. Toda esta zona de Vestergade donde me alojo es un lugar de terraceo para los hipsters del lugar, con el tipo de comercio que demanda esta tribu urbana para satisfacer sus necesidades de ocio y cultura: barberías y locales inclusivos, librerías independientes, tiendas de discos en vinilo, ropa retro de segunda mano, salones de tatuaje y cafeterías specialty coffee. Si llego a encontrar una tetería para acariciar gatos, me hubiera creído en pleno Malasaña. O fue en el Lavapiés más trendy donde vi una...?
Hay mucho más ambiente que en el moderno barrio marítimo, donde he visto a algunas personas bañarse en una piscina acotada en plan lido, y a otras aburrirse tomando el sol en las terrazas, o leyendo, en papel, junto a los bungalows que jalonan el paseo marítimo. Veo gente pero casi no la oigo, es decir, que son tan sumamente silenciosos y se conducen con tanta prudencia que, si no fuera porque estoy viendo y oliendo el mar a mis pies, diría que me encuentro en el interior de uno de esos vagones silenciosos de los trenes caros, donde no se oye una voz más alta que otra porque por norma se guarda un obligado silencio. Mi experiencia de lo que viene siendo un paseo marítimo no puede ser más distinta, con ruido de motocicletas a escape libre, vocerío de bañistas, la machacona canción del verano y, de madrugada, los cánticos desafinados de los que intentan regresar a su hotel desde los bares del puerto, pero los vapores etílicos y la noche les confunden.
Por cierto que los bañistas, aunque estemos a mediados de julio, son unos valientes que desafían estas aguas frías en un día muy ventoso. Todos los que estamos fuera del agua llevamos manga larga y, la mayoría, chaqueta. Pero a los bebés las madres y abuelas los tienen solamente en pañales. Nunca he comprendido esta costumbre del centro y el norte de Europa de llevar a los bebés desnuditos a los parques y a la playa. Pretenden que pasen su primera neumonía en la infancia, y así les fortalecen para el resto de su vida? Misterios sin resolver.
Mi alojamiento en Aarhus está en una casa muy antigua, con un patio de fachada de maderos entrecruzados y los techos bajos. Me encantan las casas con historia propia y sabor a generaciones pasadas, pero desgraciadamente tienen el inconveniente de que, si no estan reformadas, el viaje atrás en el tiempo puede resultar bastante incómodo. Es el caso de este apartamento, donde en que tengo que asearme en una ducha italiana que el día que la instalaron ya era incomodísima, y si le añadimos la mugre que desde entonces no parecen haber limpiado, todo me conduce a preferir mi propia suciedad a la porquería ajena. Me lavo como los gatos en el diminuto lavabo de manos. A veces hay que hacer de tripas corazón y pompas de jabón.
- Ribe.
Es la localidad más antigua de Dinamarca, y un pueblo muy bonito y también muy coqueto. Esto último lo digo en el sentido de que sus cualidades han sido realzadas artificialmente, al igual que una chica muy guapa sabe sacarle partido a su rostro al maquillarse, y consigue así pasar del mero atractivo a la hermosura deslumbrante. Ribe está preparado para acoger a los turistas en sus calles principales, pero yo creo que su verdadero encanto se encuentra en las calles secundarias donde no hay tiendas ni restaurantes.
Está en el sur de Jutlandia, y se fundó no sé cuándo pero parece que hay registros desde el s.VIII. Está rodeada de marismas, y a través de su canal mantenía antiguamente comercio marítimo con el extranjero, a la vez que sus molinos de agua eran una fuente de riqueza a nivel local. Sus calles están empedradas y muchas de sus fachadas tienen un entramado de maderas. Su catedral es del s.XII y en los alrededores hay un monasterio. Tengo la suerte de llegar cuando luce el sol y todo brilla.
Disfruto mucho de esta visita, pero desgraciadamente el viaje de vuelta a mi base en Aarhus se complica por momentos, y la sensación de acaloramiento se vuelve físicamente difícil de sobrellevar. Mis dos transbordos iniciales se convierten en cuatro, el último de ellos muy accidentado, porque debido al calor el sistema de aire acondicionado de algunos trenes se ha averiado. Intentan reparalo sobre la marcha, pero las desacostumbrados temperaturas parece que han fundido los aparatos y han roto todos los esquemas de estas buenas gentes. En los andenes de las estaciones rurales nos vamos acumulando los pasajeros que van desalojando de los vagones recalentados. Al final, después de muchos retrasos y cancelaciones, optan por improvisar y acomodarnos como pueden en otros trenes ya de por sí repletos, aunque estén a la temperatura de un baño turco. Nos sientan donde pueden, aunque la mayoría se queda en pie. Por megafonía nos piden que seamos solidarios y cedamos el asiento a las personas más mayores etc. Mis canas me benefician en este sentido, y además voy en primera clase rodeada de jóvenes que no huelen a sudor sino a perfume del caro, porque el caos ferroviario ha derretido las neuronas y ha diluído las barreras entre clases sociales. La pija que tengo sentada enfrente me echa una ojeada de vez en cuando. Sí nena, mi sudado y arrugado modelito es del Decathlón, puedes contarlo por ahí para amenizarles el copeo a tus amiguis.
- Frederiskvahn.
Paso una sola noche en esta ciudad portuaria, alojada en la única habitación libre que he podido encontrar. Está en un chalet antiguo con solera, que se publicita como "de luxe" y que cobra por ello una cantidad desproporcionada, pero está situado justo enfrente de la estación y del puerto desde donde parte el ferry a Gotemburgo, mi siguiente etapa.
Este chalet tiene el inconveniente de que tengo que compartir el cuarto de baño, cosa que he hecho sin pensármelo dos veces cuando era joven, pero que ya cumplidos los 56 intento evitar siempre que puedo. Me he vuelto comodona y estoy llena de manías y de aprensiones. En esta ocasión, mis compañeros de WC y de ducha resultan ser unos transportistas, cuatro chicos que tienen la furgoneta aparcada junto a la verja del jardín. Resuelvo poner el despertador muy temprano para ser la primera en el baño, porque de todos modos tengo que madrugar mucho ya el check-in en el ferry se cierra a las siete de la mañana.
El calificativo "de luxe" resulta que no es solamente una estrategia de márketing sino una realidad palpable. Para mi sorpresa el baño, la única parte del chalet que está reformada desde los tiempos de MariCastaña, sigue los dictados de la moda retro-epatante en boga entre los nuevos ricos de los 1980s y 1990s. Cuenta con una bañera con patas estilo primer imperio, y con una grifería sobredorada de las que están rematadas por grifos en forma de cabeza de cisne, con sus alas desplegadas al viento. La pared junto a la bañera está alicatada con azulejos oscuros con motivos dorados a relieve. No hay un tirador ni un colgador ni un toallero que no esté sobredorado. Lujo y esplendor por doquier en un lugar destinado a la más vulgar y humillante de las necesidades fisiológicas. Yo a este tipo de baños les llamo "de Josefina repudiada". Lucho a brazo partido contra el cisne, que parece que intuye que me río de él y se niega a revelarme su secreto mejor guardado. Hasta que consigo que salga un chorro de agua media un rato en el que lo paso un poquito mal. Ay Josefina, cómo nos complicamos la vida sin necesidad!
Frederkisvahn es la única ciudad portuaria en la que he estado donde todo está limpio y no hay un ambiente canalla alrededor de su puerto. Es más, no hay ningún ambiente, porque sus calles están extrañamente desprovistas de vida para ser una localidad que cuenta con varios grandes hoteles, multitud de comercios y locales de restauración de todo tipo. En su muy publicitada playa con palmeras, a la hora que llego sólo hay un equipo deportivo de uniforme, que vuelve tras ejercitarse. Me cruzo con dos mamás que pasean a sus niños en bicicleta, una familia de turistas en una pizzería y un grupo de amiguetes que salen de una cervecería disfrazados, porque están de despedida de soltero. Comprendo que es domingo por la tarde, pero estamos a mediados de julio, temporada alta. Está casi todo cerrado, pero hace bueno y el lugar se presta como mínimo a un bonito paseo, sin embargo oigo el eco de mis pasos en las calles desiertas. A la mañana siguiente el ferry está abarrotado. Dónde estaban todos escondidos la tarde anterior? Misterios sin resolver.
En el puerto de Frederkisvahn, adonde voy para ensayar el camino hasta mi punto de embarque a la mañana siguiente, veo tres fragatas de la armada danesa. Al día siguiente veré otra fragata de la armada sueca atracada en Gotemburgo. Están de maniobras veraniegas, o como medida se precaución ante la situación geopolítica, que se va complicando por momentos? En estos días, los países nórdicos y los bálticos miran de reojo al Kremlin, como en los tiempos de la guerra fría de mi infancia.
El ferry que hace la travesía de tres horas y media hasta el puerto sueco de Gotemburgo sí que tiene ambiente, mamma mia. He mencionado antes aquí mi lamentable falta de apego al mundo de la infancia, como lo llama Elvira Lindo en su Manolito Gafotas. Pues el cosmos ha conspirado para darme una lección épica como castigo: Que no te gustan los niños? Pues toma niños, para que te enteres! Y efectivamente, me entero de que hay un campeonato mundial de fútbol junior, la Gothia Cup, en Gotemburgo y que muchas delegaciones internacionales ha tenido que pernoctar en otras localidades porque allí ya no quedaban plazas. Ahora comprendo por qué me ha costado tanto encontrar habitación!
Lo peor no son los niños y niñas, que se cuentan por cientos pero que se comportan conforme a su edad. Ni son los monitores de las delegaciones, que se conducen con mucha profesionalidad. Lo peor son los papás, las mamás y los abuelitos/as. Vaya nivel de competitividad en la sala de espera del check-in a las seis de la mañana, y ni siquiera hemos zarpado. Hay una mascota del mundial (un pez que no identifico) que les da la bienvenida con mucha simpatía. Y letreros bilingües que rezan: "Los árbitros son humanos. Los entrenadores son voluntarios. Por favor, recuerda que esto es sólo un juego". Pero todo es en vano. Por lo visto ya han jugado una liguilla previa en Dinamarca, y como es inevitable unos han ganado y otros han perdido. Veo que el equipo de Guatemala porta una copa y les digo: Felicidades, campeones! Gracias, me responde tristemente uno de los chiquillos. Reparo entonces que la copa es plateada, y que están tristes porque les ha ganado el equipo de Scania, que no se de dónde puñetas viene aunque hablan inglés con acento yankie, pero cuyos papás están muy subiditos y van de sobrados. Aunque los niños guatemaltecos habían llegado antes y los niños escanios han tardado mucho más en aparecer, los papás escanios cuelan a sus retoños en primer lugar en la cola, sólo porque había un grupito de cinco o seis mamás allí que habían madrugado. Hombre, una cosa es colar a unos cuantos y otra es colocar a docenas y docenas de críos por delante, con todo el morro. El monitor guatemalteco se siente ultrajado, y en su indignación alude nada menos que a la declaración de derechos humanos. Los escanios, sean de donde sean, fingen no verle ni oírle porque no les conviene. Yo me preparo para presenciar un incidente diplomático, pero la cosa no pasa de ahí porque ninguno de ellos entiende el idioma del otro, y afortunadamente el lenguaje de los puños no se saca a relucir. Luego van llegando más y mas delegaciones de otros países de Latinoamérica y de Africa. Más y más niños y niñas. Divino tesorito.
El tiempo es despejado y la mar está en calma, pero el viajecito es ensordecedor, con cientos de críos chillando y corriendo por todo el barco durante la travesía. Hay muchos juegos preparados para ellos: parques de bolas, arcade, karaoke. Me aíslo en un rincón junto a las tragaperras, donde tengo una ventana para mí sola, y coloco a mis Resilias como parapeto contra mundum, en este caso contra el mundo de la infancia. Este tratamiento de choque no está dando resultado, y me temo que voy a desembarcar perseverando en el error y reafirmada en mis convicciones. Siempre me he identificado con el Mister Belvedere de "Niñera moderna", la comedia de los años 1940s donde el genial Clifton Webb compone uno de los personajes más antipáticos y divertidos del cine. Qué le va a hacer el hombre si no aguanta a los niños.
Pero al final llegamos a buen puerto sanos y salvos, y al desembarcar y reconectar el móvil a la red (a bordo no había roaming disponible, y en algunos tramos tampoco cobertura) me encuentro con una agradable sorpresa: el hotel "sucio" y alejado donde había reservado habitación está completo con motivo del campeonato de fútbol junior, y se disculpan buscándome otro alojamiento alternativo, con desayuno buffet incluido, en un hotelito céntrico por el mismo precio. Llego, y se trata de un establecimiento muy sencillo pero más que suficiente, bastante agradable y además "limpio". Acabo de tomarme el desayuno, y creo que he comido para todo el día. Ya en otra ocasión me ocurrió algo parecido, pero no recuerdo donde fue. He nacido con una flor en el culo, y no lo valoro lo suficiente.
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