14.11.24

Debo cumplir con mis obligaciones palaciegas en Avignon, para no decepcionar a Sus (múltiples) Santidades, que me esperan en su palacio para invitarme a chocolate con picatostes (no era eso lo que tomaban los curas en las novelas?) y enseñarme su precioso jardín. 

Desayuno en la habitación de mi hotelito barato del centro de Avignon, escuchando la radio. (Cada tarde, antes de retirarme, hago la compra en un supermercado para irme procurando una "despensa"). Mis ventanas dan al Cours Jean Jaurès, una de las principales arterias del centro, alineada con unos enormes castaños de indias que han estando bailando y cantándole al viento toda la noche. Veo amanecer a jirones entre nubes, y a los estudiantes y oficinistas que se dirigen, sin prisa alguna, a sus quehaceres. Enfrente tengo varios edificios históricos. Mi hotel es uno de ellos, del siglo XVIII.  Una pena de instalaciones (por eso era barato), pero al menos está limpio. 

Esta tarde salgo para Arles. Las fuertes rachas de viento han cesado y ahora es más llevadero, y menos mal porque eran de lo más molesto, con la única ventaja de que la atmósfera estaba muy limpia y ayer pude ver una luna casi llena muy brillante, que me iba persiguiendo por las esquinas. 

En Arles también hay un Anfiteatro romano (entre otras muchas reliquias imperiales). Y también sirve de coso para las corridas de toros, protegidas por ley en Francia como bien de interés cultural. Pues bien, hoy se vota en la Asamblea Nacional un decreto ley para limitar la edad en la que los menores asisten a su primera corrida, por tratarse de un espectáculo sangriento. Los ciudadanos de Arles están en contra, y en France Inter he podido oír una entrevista a un niño diciendo que, aunque su familia es vegetariana y le horrorizan los mataderos, a él le gustan mucho los toros, porque es una tradición local de la que sus padres y abuelos están muy orgullosos. Ahí queda eso. 

13.11.24

Cada parada en mi camino me deja más impactada que la anterior. En Avignon, con la iglesia hemos topado. Tantos papas y tantos vaivenes de la historia han dejado aquí un patrimonio increíble.

Por momentos me he acordado del síndrome de Stendhal de mi compañera de piso en Florencia. Era de Maryland, pero vivía en Manhattan y llevaba en la ciudad toscana muchos meses, haciendo un curso de orfebrería. Cuando llegué, para una estancia corta de una semana, me aconsejó que no quisiera abarcarlo todo porque me iba a terminar agobiando. Como le pasó a ella al principio, porque eso de saber que, mires donde mires, estás contemplando algo que ha sido trascendental en la historia del arte, de la literatura y del pensamiento humanos... termina resultando agotador. Sobre todo si vienes de otro mundo (el nuevo mundo, se entiende).  

Algo así me ha pasado a mí hoy cuando, al acercarme los Palacios Papales, el horario de visitas del día había terminado ya. He sentido alivio, para qué voy a mentir... Hoy ha hecho un día ventoso, pero muy soleado en Avignon. Y era una lástima meterse en un recinto cerrado cuando anochece ya a las cinco y media. La vida bullía fuera de aquellos muros.

De modo que he bajado hasta el Ródano y me he asomado al famoso puente. Para mí era una cuestión sentimental, porque mi abuelo materno, que hablaba algo de francés, me enseñó la canción siendo muy niña: "Sur le pont/d' Avignon/On y danse/On y danse/Sur le pont/d'Avignon/On y danse/Tout en rond". De modo que hoy he tenido un recuerdo para él, que nunca pudo venir a ver esta maravilla. La vista de los palacios desde el río con el sol ya bajando es bellísima, y aún gana más con la iluminación nocturna. La impresionante muralla abraza todo el aparato del poder cismático hecho piedra anclada sobre la roca. Pero ay, nada es inamovible y al final estos santos varones se tuvieron que volver a Roma.

Mañana volveré por allí para ver el Jardín de Doms sobre la roca, y haré una segunda intentona palaciega. Intentaré ignorar esa virgen de oro que alguien ha colocado en toda la punta de la torre del campanario de la iglesia de los Papas. Sólo se me ocurre una cosa: qué necesidad había?

Me encantan los viejos palacios renacentistas y barrocos diseminados por los alrededores del de los Papas. Muchos tienen un jardín posterior protegido por altos muros, y casi es mejor imaginar desde fuera, juzgando por la frondosidad de los árboles y lo tupido de las enredaderas, lo señorial que debe de ser por dentro. A veces no hay que dejar que la realidad te arruine una buena ensoñación. 

Notas:

- En cada esquina del viejo Avignon he visto una hornacina con una virgen de piedra encerrada tras una reja. Me pregunto si será la misma o si aquí pasará como en Sevilla, donde cada barrio tiene la suya y algunos devotos demasiado "capillitas" las convierten en "rivales". 

- Muchas iglesias desacralizadas son ahora teatros, y durante el prestigioso festival de las artes escénicas se convierten en sedes. Qué pensarían los Papas de esto? 

- Hay muy poco tráfico rodado en el centro de todas estas ciudades qué voy visitando. Las zonas de bajas emisiones impiden que quien no tenga una pegatina Crit'Air (Certificat Qualité de l'Air) pueda circular. Y como yo me muevo por cascos históricos, me beneficio de zonas peatonales o de áreas donde sólo entran las urgencias, las mercancías y los residentes. Seguro que le complica la vida a muchos ciudadanos (estás medidas siempre provocan división de opiniones) pero para mí, paseante sin fronteras, es una delicia deambular despreocupadamente por la calle. Y tiene el encanto añadido de que en ocasiones me cruzo con una bella imagen del pasado, porque el transporte de mercancías de pequeño tamaño se hace algunas veces en triciclo o en carretilla... 

- Entre tantas iglesias góticas a cual más bella, encuentro una sinagoga también preciosa en la antigua judería. Si no estuviera el patio tan revuelto intentaría preguntar si puedo visitar el interior, pero tras la noche de los cristales rotos que hemos tenido en Ámsterdam hace poco, me da cosa... lástima. 

- Aquí toda la cartelería es trilingüe. El segundo idioma es el italiano (la frontera está ya cercana), y el tercero es el provenzal, una variedad distinta a la de Occitania. Los trenes regionales también han cambiado de denominación, se llaman "Paca" (acrónimo de Provenza-Alpes-Costa Azul). Yo les agradezco el detalle de todo corazón, porque así se reducen las posibilidades de que me monte en el tren equivocado como ayer... Buscaré a Paquita por los andenes!

Anecdotario:

- Para prevenir posibles hurtos, tomo la precaución de llevar el dinero y el pasaporte etc debajo de la ropa, en un bolsillo colgante, de esos que te venden en una tienda de maletas. Pero es una medida de seguridad muy embarazosa. En sentido literal, porque el monedero abulta y, por dentro del pantalón, me hace panza. Y en sentido figurado... cada vez que he pagado algo y tengo que recolocar todo el armatoste en su escondite, por muy bien que quiera posicionarlo, me encuentro con dificultades para andar a los pocos pasos, porque la ley de la gravedad es muy cruel conmigo y el condenado invento se ha movido. De modo que, ya en la calle, me toca meter la mano por dentro del pantalón y me temo que debe parecer que me estoy rascando el honor de la familia. (La frase no es mía, mi madre decía que en su época las chicas llevaban el honor de la familia entre las  piernas). 

- Al escribir, el corrector automático se empeña en cambiar "Papas" por "Papás". Y acierta. También lo eran.

- Hoy en la calle he visto a un viejo que en plena ventolera desaforada se entretenía en agrupar, con la punta de su bastón, las hojas secas caídas para arrinconarlas contra la fachada. Su afán no obtenía más que un resultado momentáneo, pero él debía de estar aburrido y no cejaba. Creo que yo estoy haciendo lo mismo que él con estos apuntes. 




12.11.24

En Nîmes me recibe en el casco histórico, en un pequeñísimo hotelito monoestrella de un edificio vetusto, un encargado de lo más amable, con esa hospitalidad meriodional que creemos que pertenece sólo a la ficción de las novelas. Me sienta, me ofrece un café de acogida y una revista nada más llegar, y, milagro, no me cobra los 5 euros de rigor por guardar mis maletas a causa de mi llegada anticipada (2 horas antes del check-in), sino que me sube él la maleta por una escalera de caracol vertiginosa y le da los últimos toques a la habitación para que esté perfecta. El hotel es muy sencillo, pero la atención es superbe. 

El contraste con el albergue juvenil tipo hub donde me he alojado en Montpellier es abismal. La decoración era muy divertida y había muchas actividades encaminadas a que la gente joven participe para interaccionar entre ellos... Pero durante mi estancia, yo sólo ví a muchos jóvenes enfrascados en la pantalla del portátil o la tablet, cada uno a lo suyo, en un ambiente muy impersonal. Bien es verdad que me acosté pronto, probablemente me perdí la mejor parte.

Esta ciudad tiene mucha enjundia, y no sólo por los restos romanos contemporáneos de Cristo, sino porque el urbanismo que vino después emuló esas magníficas construcciones, y el conjunto resultante recrea una Roma, a la francesa, muy convincentemente. Todo es de gran elegancia y de muy buen gusto, desde las tiendas (muchas de ellas con interiores de varios siglos atrás) a los palacios, avenidas y rondas que sustituyen a la muralla. Me ha gustado especialmente el Jardín la Fuente, que se extiende monte abajo desde la Torre Magna romana. Bajo la luz amarillenta y la llovizna propias de un día de otoño, me ha resultado de lo mas evocador. 

El Anfiteatro, la Casa Cuadrada (impresionante templo dedicado al culto de Augusto y su familia), los arcos, el Templo de Diana, el acueducto etc están milagrosamente bien conservados, y no será por lo mucho que los han cuidado durante estos 2000 años... porque por ejemplo, la Torre Magna casi la destrozan buscando un supuesto tesoro que Nostradamus había profetizado que estaba enterrado allí. La vaciaron por completo hasta dañarle los cimientos... Sin encontrar nada, por supuesto (Pero por qué llevamos siglos haciéndole caso a ese hombre? Eso sí que es todo un fenómeno.) 

Notas: 

- Sendas estatuas, toro y torero, celebran la Fiesta (con mayúscula)  junto al Anfiteatro, donde se celebra, como no, un festival de flamenco. El cartel gigantesco que lo anuncia nos muestra una bailaora del flamenco más heterodoxo, mirando al frente desafiante, con las manos alzadas en la consabida posición y cubriéndose lo que se supone que es su pubis desnudo con un abanico, prendido de salva sea la parte con una pinza de la ropa. Ole y ole. 

- Frente al templo llamado la Casa Cuadrada (Maison Carrée), Norman Foster ha construido un nosequé... que también resulta de lo más cuadrado. La geometría es lo que tiene. (El moderno museo sobre la Nîmes romana, frente al Anfiteatro, me gusta bastante más).

- Callejear por el casco histórico de Nîmes es una delicia que hay que saborear sin prisas para sacarle todo el retrogusto. Nîmes me ha impresionado por su señorío y elegancia, es una ciudad alegre y luminosa donde los que se cruzan contigo por la mañana te "bonjourizan" con una sonrisa de propina. Para mí, que vengo de una gran urbe siempre apresurada y dinámica, es toda una novedad ver a los que se dirigen a su trabajo caminar sin prisas, e incluso pararse a echar una parrafada con un conocido. Pero supongo que es una impresión equivocada: yo callejeo por el centro histórico, donde están los palacios (impresionantes por cierto) de las dependencias municipales y las exquisitas tiendas de diseño y decoración, los artesanos del pan de las boulangeries de buen tono, los artesanos de artículos de lujo etc. Imagino que no será igual en donde viven los ciudadanos corrientes... aunque ayer presencié la entrada de varios colegios en hora punta, y más tarde tuve que hacer cola en el súper de turno antes del cierre, y no me pareció que nadie andara con prisas. Estos meridionales creo que saben entender la vida. 

- Este país hace especial hincapié en celebrar los logros de sus notables (los propios y los que se apropian), honrar a sus héroes de tantas guerras y conmemorar su larga lista de revueltas populares. Hay muchos monumentos erigidos en recuerdo de las batallas y las revoluciones, siempre con gran abundancia de banderas tricolores. Me pregunto por qué no les bastará con una sola bandera bien grande, en lugar de arracimar un buen puñado de ellas cada pocos metros. Debe de ser que mi idea del patriotismo, decorativamente hablando, es más bien ramplona ("Sencillez y economía en la casa de María").

- En multitud de esquinas hay letreros que te avisan de que las vídeocámaras te están grabando, por tu seguridad. Me parece que Orwell afinó mucho mejor que Nostradamus sus predicciones, y la del Gran Hermano la acertó de lleno.

- El Anfiteatro romano. Suspiro de admiración. Nada más que añadir. 


Anecdotario:

- Por todas partes hay referencias a la tauromaquia... en la Taberna La Terna, te puedes vestir de torero con tus amigos con trajes de luces auténticos, degustar un guiso de rabo de toro y participar en el festival de sevillanas. Muchas tiendas exhiben pinturas, libros, hasta cabezas de toro disecadas, abundando en el tema. Supongo que es una fuente de ingresos muy valiosa para los locales.

- Estación de Nîmes, esperando el tren a Avignon: un joven viajero deja en el suelo su mochila y espontáneamente se pone a tocar el piano del vestíbulo, que por lo visto es de libre acceso. Nos obsequia con una versión algo titubeante pero entusiasta de "Viva la vida" de Coldplay. Luego se arranca por "Divenire" de Ludovico Einaudi, que se le da mejor. Bless him. (Más tarde me doy cuenta de que no es tan espontáneo: un grupo de jóvenes espera su turno. Deben de ser estudiantes de música que vienen aquí a practicar y ensayar, una chica en concreto toca con gran nivel, improvisando variaciones sobre "La la Land").

- La ventaja de ser insomne es que puedo madrugar y bajar a callejear justo cuando ya clarea y la ciudad se despereza. Ese momento, junto con el de la primera hora de la tarde, en la pausa del almuerzo, cuando parece que el mundo se toma un respiro, son mis momentos mágicos del día. 

- Ya he visto en multitud de sitios carteles con instrucciones de qué hacer en caso de atentado. Los pelos de punta. 

- He estado a punto de meterme en el tren equivocado en dirección contraria a Avignon....  ay ay ay, la niebla cognitiva (es que el destino empezaba también por "A"). 

11.11.24

 Próximas etapas: Nîmes, Avignon, Arles, Aix-en-Provence, Marsella, Niza. Puede que alguna más antes de cruzar a Italia (creo que me voy a saltar Toulon). La línea de ferrocarril a Toulouse está en obras, y aunque hay autocares para el transporte alternativo, no son muy fiables. El de vuelta de Carcassonne a Narbona no se presentó en el horario previsto el pasado domingo, y ya anochece pronto.

Occitania, en Pirineos Orientales, me recuerda mi infancia, y eso que no había estado aquí nunca antes. Tiene un regusto catalán que ni el paso del tiempo ni las razones de estado han conseguido alterar... Desde las azoteas de Perpignan se divisan las estribaciones de los Pirineos, aquí se consumen lácteos del Canigó y embutidos de Gerona, las cuatro barras están omnipresentes, toda la cartelería es trilingüe, casi todos se defienden en castellano y muchos se consideran catalanes. (esa mítica Cataluña Norte, el Camelot de los nacionalistas). Se siguen escogiendo nombres occitanos (o provenzales) aunque la venerable langue d'Oc o lengua del sur ya sólo se habla minoritariamente. Las costumbres, gastronomía y actitud ante la vida es la misma a ambos lados de la frontera... Me cruzo con familias locales que van charlando y meten cuñas en al menos una de las dos lenguas foráneas. Las épiceries fines, que huelen a gloria bendita, venden todo lo que se puede encontrar en un colmado de Barcelona, incluidos algunos dulces que no veía desde que me marché de allí.

También me he reencontrado con otras cosas que dejé atrás al crecer. Algunas agradables, como las buenas formas y el respeto, las conversaciones a media voz, las fórmulas de cortesía, el silencio. Y otras no tan positivas... aquí en el Midi todavía hay calzadas mil veces parcheadas, estrechas aceras a medio terminar, plagadas de cacas de perro, fachadas ennegrecidas de edificios que no han sido remozados hace décadas, o quizá siglos. Hay pocos ascensores y rampas, y escasean las papeleras. En estas pequeñas ciudades provincianas del Languedoc-Roussillon, la vida cotidiana no está modernizada. La gente es risueña, se saluda por la calle, hay tertulias a todas horas en los cafés, nadie lleva prisa y te ofrecen ayuda sin necesidad de pedirla. Montpellier ya es otra cosa en todos los sentidos, no en vano es el pequeño París de esta costa.

Pero es terrible la suciedad, la dejadez y la miseria con las que te topas simplemente al doblar un par de esquinas... cuando lo que acabas de dejar atrás es una calle encantadora, con todos sus comercios convertidos en un parque temático para turistas amantes de la belleza y la elegancia (la qualité française, quoi!). Pero de pronto te encuentras ante el espectáculo lamentable del malvivir de los marginados, con una crudeza que yo esperaba encontrar sólo en la banlieu, ese gueto de extrarradio que es la bomba de relojería de este país de gentes de orden... hasta que estalla una protesta social que suele terminar en los libros de historia. La "douce France, le pays de mon enfance... " se ha dado la vuelta como un calcetín, y eso que aquí se protegen las tradiciones contra viento y marea. Pero una sociedad mestiza es lo que tiene, y en mi opinión así se progresa. Las mezclas suman. 

Aprovecho las esperas en las estaciones de tren para observar y tomar notas. Una de ellas, la de Perpignan es, según Dalí, el centro del mundo, porque parece que allí le entraron cosquillas cosmogónicas. Los locales se lo agradecen, el resto ... en fin, es un espacio tirando a anodino. (Claro que yo suspendí en cosmogonía). En estas estaciones fronterizas, edificios ya vetustos, no hay rampas ni ascensores y la mayoría están en obras (en ciudades más grandes las estaciones son estupendas, destacando la de Nîmes que me ha parecido preciosa). Menos mal que los hombres de cualquier edad se ofrecen a ayudarme con la maleta y me ceden el paso y el asiento. En las salas de espera me siento rodeada de gentes de la calle que, en perfecto silencio cargado de desamparo, se resguardan allí rodeados de sus mascotas y de todas sus pertenencias terrenales. También hay algunos hippies de la vida que comparten con ellos la aversión por el champú, pero dudo mucho que sea por conciencia ecológica. Algunas personas prefieren mantenerse alejados y en pie, pero a mí es que me duele la espalda. 

Notas:

- Comprendo como estás tierras hayan atraído a tantos artistas desde siempre ... tienen un encanto bohemio-decadente que inspira y enamora.

- Perpignan me ha conquistado, me gusta su personalidad mitad pintoresca mitad canalla y su côté español. Allí he podido visitar dos palacios de comerciantes enriquecidos hasta niveles apabullantes. Uno de la edad media, Xanxo, y otro de la Bélle Époque, Bardou. El caso de Monsieur Bardou es especialmente llamativo, porque la fortuna de su familia provenía del papel de liar los cigarrillos JOB. Los carteles modernistas que anunciaban esos cigarrillos son auténticas obras de arte, y yo tuve colgado un póster del artista checo Mucha durante muchos años. También uno de mis pintores preferidos,  el catalán Ramón Casas, ilustró la publicidad de la marca. La familia Bardou no se conformó con su magnífico palacio del centro de Perpignan, sino que tenían otras dos mansiones, a cual más epatante. A mí el jardín de su casa ya me parece un pequeño paraíso donde cualquiera puede pasar el resto de sus días felizmente recluido, así que si fueran de mi propiedad, no sabría que hacer con el resto de posesiones.

- Desde el tren se ven llanuras bordeadas de bosquecillos, todas sembradas de viñas, que en está época mutan de colorido. No me he atrevido a probar ningún caldo del Languedoc por prudencia, pero tienen mucha fama y supongo que justificada. Tampoco he probado el plato estrella de por aquí, el cassoulet, que visto de lejos parece una exquisitez que puede alimentarte para varios días, pero con consecuencias. 

- Narbonne es una joya escondida que pasa de puntillas por las guías. Aunque perdió importancia al llenarse su puerto se arena, su catedral es de lo más original y exhibe los retales de diferentes épocas y usos.

- En Carcassonne, aparte de lo obvio, he tenido la suerte de coincidir, en la ciudad baja, con el paso de una gran barcaza por el canal del Midi (proyecto rompedor en su tiempo, cuando un ingeniero concibió unir el Atlántico y el Mediterráneo). Las maniobras para pasar por debajo del puente y luego toda la ceremonia de las esclusas son dignas de verse...

- Sète se extiende a lo largo de una enorme laguna de un azul intenso, con sus veleros y todo. Precioso entorno, y he visto muchas bicis bordeándola por un sendero con mucho encanto. 

- Me encantan los tranvías de Montpellier, sus timbres alegran el ambiente. Pero soy una paloma borracha y me da aprensión cruzar las calles... 

- En Montpellier la gente sale de clase o del trabajo, al mediodía y a media tarde, y muchos se sientan agradablemente en una terraza a arreglar el mundo (el clima lo permite). Las tertulias son muy animadas, se oyen muchas risotadas. Como voy sola y a ratos me siento, escucho las conversaciones con interés. Buen nivel cultureta, pero claro, estoy en el centro donde están los equipamientos culturales de todo tipo y las facultades. 


Anecdotario:


- Aquí tienen predilección por las aceras de mortero, que presentan una resistencia tremenda a las ruedas de las maletas... como si el lugar intentara defenderse de las hordas invasoras de esos imbéciles inofensivos llamados turistas (la frase no es mía, sino de Rudyard Kipling). Sin una superficie pulida por la que rodar, me encuentro empujando mi maleta contra los elementos, y como de esta forma pesa el doble, voy por las aceras maldiciendo en español, es decir, cagándome en todo. Luego recuerdo que esta gente habla español y me paso al monologo interior... hasta el día siguiente en que volvemos a las andadas, o más bien las rodadas, literalmente.

- Los jóvenes que me voy encontrando me tratan con mucha deferencia (mis canas les recuerdan a su abuela quizás?) y en general aquí la gente es muy amable. Los mayores dan gran importancia a las normas de cortesía, y si te saltas alguna te puede caer una regañina. Yo ya me he llevado dos, una por invadir la acera con mi maleta y otra en el súper, por no colocar la barra de separación de la siguiente comanda... pero les respondo con un merci y me calzo una sonrisa de Mona Lisa que deja la partida en tablas.

- Aquí casi nadie va comiendo un bocadillo por la calle mientras pasea, como hago yo. (Todo lo más se toman un helado, que es más fino). Se tiene demasiado respeto por la gastronomía como para cometer semejante pecado. De modo que voy causando asombro y, a veces, hilaridad.

- He dormido dos noches en un estudio encantador del casco viejo de Narbona, a tres minutos de la catedral. Al edificio le echo fácilmente siglo y medio, y claro, la escalera data de entonces. Hay que contorsionarse para subirla.... y te convalidan un curso de alpinismo, o más bien dos porque yo he subido con mi maletoncio hasta el segundo. En este país lo que se estila es cobrarte un montón de extras como una fianza que supera el importe completo por 48 horas, o alquilarte las sábanas y toallas, o cargarte la limpieza por adelantado (los dueños son majos y esta parte me la han perdonado, siempre que les demostrara que había limpiado yo, testimonio gráfico mediante). Aquí se abren los portales de las casas con PIN digicode, y los pisos turísticos tienen un cofre junto a la puerta que se abre con contraseña. Todo esto lo realizó a la primera servidora de ustedes sin más novedad, y eso que se me dan mal los números... Pero el destino cruel me esperaba al enchufar el cargador del móvil: se fundieron los plomos. Me tuve que repasar  oscuras el Índice de la guía de 24 páginas (con fotos ilustrativas y vídeos didácticos) que me habían enviado los dueños en PDF. Y tras bajar la escalera de la muerte, alumbrada en el último tramo sólo con el móvil, y trastear no en uno, sino en dos armarios que parecían una despensa de restos arqueológicos.... conseguí dar con la tecla del registro general, y arriba, voilà, se hizo de nuevo la luz. Toda la operación duró una muy intrigante media hora larga, y cuando le dije al dueño, que aguardaba ansioso al otro lado del WhatsApp, que no había sido capaz de encontrar la foto explicativa de lo del registro en su guía... me indicó amablemente que estaba en la página 16, bien entendu. Que je suis bête!


- La parte médiéval de Montpellier, es un dejà vu del cau de Tarragona, o de Gerona o incluso de Palma... estamos emparentados sin duda. Por otra parte, los estudiantes crean un ambiente muy simpático, como en toda ciudad universitaria. Que para eso es la ciudad francesa con mayor número de estudiantes, están por todas partes. Muchos grupos de jóvenes amigos al parecer muy bien avenidos, y multitud de parejas de novios en pleno esplendor de su romance. Divino tesoro.

- Una de las paradas de tranvía de Montpellier se llama García Lorca. He buscado y parece que nunca vivió aquí. 

- Los WC públicos de Montpellier, gratuitos, son un prodigio de automatización y auto limpieza, bien equipados con jabón, papel higiénico y toallitas, y hasta con instrucciones en español ... pero a mí me ha tenido que ayudar un magrebí a entender su funcionamiento, porque tras usarlo la persona anterior me he metido dentro, y me he quedado encerrada. Inútilmente he apretado los botones y he manipulado las palancas, porque seguía siendo una mujer abducida por un lavabo. Mis carcajadas parece que alertaron al hombre, que me liberó desde fuera. Resulta que, tras el uso, y antes de entrar, hay que esperar fuera a que acabe al proceso de autolimpieza, que incluye la taza y el suelo... es un avance de la higiene y la salud públicas, pero lo que no me gusta es que, tras usarlo tú, tienes que salir sin haber podido tirar tú misma de la cisterna. Y los sensores tardan un ratito en registrar que te has ido. Ratito en el que las personas que esperan pueden contemplar en todo su esplendor, brillando al sol, tu pipí dentro de la taza... hasta que la puerta automática lo oculta piadosa y lentamente de la vista. Pero debo reconocerlo: que mi pipí haya amenizado a los paseantes de la plaza Molière, tras el magnífico teatro de la Comédie, durante unos interminables segundos.... quieras que no, le aporta un toque de alta cultura a las necesidades físicas de una.   


6.11.24

So it begins

 —Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: «Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa».

El alumno escribe lo que se le dicta.

—Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.

El alumno, después de meditar, escribe: «Lo que pasa en la calle».

Mairena. —No está mal

(ANTONIO MACHADO, Enseñanzas de Juan de Mairena)


Pues gracias al amigo Mairena ya he recordado el motivo de mi viaje. Quiero ver otras calles que no sean las de costumbre, y quiero saber lo que pasa en ellas. Así de simple. 

Sé que las olas del mar son infinitas y que nada iguala la belleza de un amanecer tras los montes. El olor a tierra mojada y el rumor del viento en los árboles son las mejores sensaciones posibles. Contemplar cómo arde la leña en el hogar es hipnótico, y acariciar un ternerito es una delicia... 

Todo eso lo disfruto, pero yo soy carne de asfalto y para mí no hay comparación posible con un recorrido sin rumbo por un casco urbano observando las casas y a la gente, lo que hacen y dicen, el ambiente. Ese me parece el mejor espectáculo del mundo. Yo personalizo las ciudades que forman parte de mi vida, y a todas las he amado de diferente forma: Palma es la tapada porque no la recuerdo, con Barcelona tengo una relación de amor-odio, lo de Sevilla fue un matrimonio de conveniencia, y Madrid fue un flechazo desde el primer día.

Busco ahora sensaciones breves pero intensas con las urbes que vaya conociendo en este recorrido... Me encantaría poder decir que me quedaba en alguna largo tiempo para poder enamorarme poco a poco de sus calles... pero la realidad es una diosa muy tozuda, y no me concede ese lujo... Tampoco voy a completar los recorridos turísticos al uso, sólo pretendo pasear y observar. Y aprender lo que pueda y me dejen, nada más.

Espero me me podáis acompañar el algún tramo de mis paseos por esta Europa decadente y malhumorada que se nos desdibuja por momentos, pero que ahí sigue como si nada. Negando los estragos de la vejez y exhibiendo la belleza de sus calles y la diversidad de sus gentes como si aún fuera una jovenzuela en busca del primer amor... Espérame, mi vida, que ya llego.


5.11.24

Con más miedo que vergüenza

Así comienzo mi viaje. Llevo toda la vida queriendo cruzar fronteras y sentirme extranjera. En realidad, mi sueño húmedo de juventud era convertirme en expatriada. Chapurrear otros idiomas, acoplarme a otras costumbres sin perder la dignidad ni la autoestima, y contemplar con cariño y nostalgia mi tierra desde esa saludable distancia que sólo proporcionan la lejanía y la desmemoria. 

Me veía envejeciendo muy lejos y repitiendo las mismas respuestas a las eternas preguntas que siempre recibimos los españoles en el extranjero: Sí, la fiesta de los toros es una tradición cultural. No, a mí no me parece bien que se torture a los animales. Pero es que yo no soy responsable, señora. Pues ponga usted una queja en algún organismo de defensa de los animales, caballero. Etcétera. Qué feliz habría sido yo dedicando mi vida allende nuestras fronteras a clarificar estas cuestiones fundamentales para el devenir de la humanidad...

Pero no. Exceptuando algunas escapadas, resulta que he esperado a pasar del medio siglo para sacar la patita por debajo de la puerta del control de aduanas, sin fecha de retorno. Y ahora ya no me hace la misma ilusión. Eso de la zona de confort que tanto predican los psicólogos debe de ser cierto, porque lo ídem es que tiemblo al pensar que voy a pasar varios meses lejos de mis amigas, mi supermercado habitual, mis revisiones médicas y mi sillón preferido junto a mi ventana. Y eso que sé de antemano que voy a volver cuando agote el presupuesto, y a juzgar por lo mal que me administro, eso será pronto.

Llevo dos años preparando este viaje y ahora que por fin me he atrevido a fijar una fecha de salida, ya no recuerdo bien qué pretendía yo marchándome... Olisquear aires ajenos? Desafiar mis límites? Husmear en otras vidas? Coleccionar anécdotas? Autoengañarme con la idea de una libertad que no deja de ser libertad provisional?

RENNES

 RENNES Mientras espero en la estación de Caen la salida de mi tren regional para Rennes, veo a un señor mayor muy voluminoso, vestido de ne...